1. Han pasado doce años desde el 14 de junio de 2014, cuando la explanada del Museo de San Telmo de Donostia vio nacer la Red Ciudadana SARE. Doce años en los que hemos querido ser una herramienta colectiva surgida de la sociedad civil de Euskal Herria para afrontar una realidad dolorosa, compleja y prolongada en el tiempo: la vulneración de los derechos de los presos y presas vascas, objetivo de la represión ejercida desde los poderes del Estado.

Han sido doce años de avances y retrocesos, pero sobre todo de esfuerzos compartidos con una gran parte de la propia sociedad vasca. Hemos intentado estar a la altura de una responsabilidad que no buscábamos, pero que sentíamos necesaria.

Siempre lo hemos dicho: la defensa de los derechos humanos no es tarea de ninguna élite, sino del compromiso del conjunto de la sociedad. Porque los derechos humanos han sido, son y serán el paraguas que nos cobije a quienes defendemos la construcción de una sociedad más libre y más humana.

Como recordó Nelson Mandela, “negar a las personas sus derechos humanos, es cuestionar su propia humanidad”. Y como escribió Hannah Arendt, “el derecho a tener derechos” es la base de todos los demás. Desde SARE hemos intentado, humildemente, defender ese derecho básico incluso en los contextos más difíciles. Incluso cuando hacerlo no era cómodo ni popular.

Nacimos con una apuesta clara: buscar la pluralidad. Conformarnos como una red, donde cualquiera pudiera participar al margen de sus ideologías y/o adscripciones partidistas. Solo pedíamos trabajar por poner fin a las vulneraciones de los derechos de los presos vascos y buscar vías para recuperar la convivencia en nuestro pueblo, teniendo muy en cuenta a todas las víctimas de las violencias.

Pluralidad política, social y humana, como base para defender derechos que no deberían depender nunca de la ideología ni del contexto.

Desde el primer día situamos en el centro la defensa del derecho, de los derechos humanos, el objetivo de poner fin a la existencia de presos/as, exiliadas/os y deportados/as por motivación política. No como un eslogan, sino como un compromiso sostenido, paciente y, muchas veces, difícil.

Uno de los ejes centrales de nuestro trabajo fue, desde el inicio, la denuncia de la política de alejamiento y dispersión. Una política penitenciaria cruel y profundamente dolorosa que durante décadas castigó no solo a los presos y presas vascas, sino también, a sus familiares y allegados, obligados a recorrer miles de kilómetros para ejercer un derecho tan básico como el de la visita.

En la carretera, perdieron la vida 16 personas. Hubo más de mil accidentes de tráfico en esos largos recorridos. En las cárceles, alejados de los suyos, más de 30 presos murieron entre las cuatro paredes de una celda. Referencia obligada de este sufrimiento es la situación que tuvieron que soportar, fruto del alejamiento de sus padres, los niños/as, a las que denominamos “Los niños/as de la motxila”.

Si lo que se pretendía era causar daño, se consiguió. Mucho daño y mucho sufrimiento. Pero no se logró quebrar el compromiso de familiares y amistades para que los presos y presas vascas no dejaran ni una sola semana de recibir sus visitas.

Fue una política penitenciaria diseñada desde la política, sin base jurídica alguna, que añadió sufrimiento al sufrimiento, durante más de tres décadas.

Durante años, la denuncia de esa política fue uno de los ejes centrales de nuestro trabajo. Desde SARE mantuvimos una denuncia constante, exigimos su final y recorrimos las cárceles del Estado para transmitir nuestro apoyo a los derechos de los presos y presas. Hoy esa política ha quedado atrás, y su final forma parte también del camino recorrido colectivamente.

Junto al fin de la política de alejamiento y dispersión, hemos defendido con claridad la necesidad de aplicar una política penitenciaria ordinaria: el cumplimiento de la legalidad sin medidas de excepción, sin interpretaciones restrictivas y sin castigos añadidos, porque los derechos humanos no admiten apellidos ni diferencias.

En este camino nos hemos esforzado siempre por buscar consensos.

Consensos sociales y consensos políticos, con la convicción de que solo desde amplios acuerdos pueden cerrarse heridas que llevan demasiado tiempo abiertas.

Todo este recorrido lo hemos hecho manteniendo el compromiso ético que nos ha guiado desde el inicio: la defensa de la dignidad de todas las víctimas, sin jerarquías ni instrumentalizaciones.

Hemos denunciado públicamente la vulneración de derechos que afectaba a los presos y presas vascos, y lo hemos hecho desde ese mismo compromiso ético que ha definido siempre nuestra trayectoria, la defensa de la dignidad de las víctimas de todas las violencias, rechazando jerarquizar su dolor y denunciando la utilización de su sufrimiento, por razones políticas partidistas.

Hemos dicho en muchas ocasiones que nunca entraremos en debates con ninguna víctima ni con las asociaciones que les puedan representar y que nadie tiene derecho a imponer su memoria o su verdad. Pero ese reconocimiento no puede confundirse con interpretaciones restrictivas de la propia legislación penitenciaria ni con la idea de que la reparación del daño causado corresponde administrarla a colectivos particulares y no a las administraciones públicas.

El derecho penal y penitenciario, no solo está para hacer justicia a las víctimas sino, también para preservar los derechos de todas las personas, incluidas las personas privadas de libertad, que siguen siendo sujetos de derechos.

Bien sabéis que este no ha sido un camino fácil. Durante este tiempo hemos sentido el respaldo constante de una parte importante de la sociedad vasca, de la que somos parte y a la que nos debemos. Pero también hemos conocido la persecución, el señalamiento y los intentos de criminalización y desacreditación por parte de quienes prefieren que nada cambie: desde determinadas instancias judiciales, desde tribunas mediáticas convertidas en panfletos, o desde discursos políticos que se alimentan del inmovilismo.

Hoy, 6 de junio de 2026, en Arrasate, con prudencia, pero también con honestidad, podemos decir que la situación ha cambiado. Hemos contribuido, entre todos y todas, a transformar un escenario que durante años parecía inamovible y hoy percibimos que estamos cerrando un capítulo trágico de nuestra historia reciente.

Hace doce años había 465 presos y presas repartidos en más de 50 cárceles de los Estados español y francés, 140 de ellos en este último. En más de cien localidades de Euskal Herria había personas presas a las que recordar y por cuyos derechos trabajar, lo que generaba concentraciones semanales en cada una de ellas.

El fin de la política de dispersión y alejamiento en 2023 nos obligó, afortunadamente, a modificar nuestras dinámicas. Hoy el escenario es diferente. Existen aproximadamente 120 presos y presas, de los cuales cerca del 70 % está en tercer grado o con aplicación del artículo 100.2. Son 35 las localidades de Euskal Herria en las que permanece alguna persona presa, exiliada o deportada por motivación política.

Aún quedan aproximadamente 40 personas sin acceder a progresiones de grado o a la aplicación del artículo 100.2, pero confiamos en que esta situación pueda modificarse en el transcurso del año, tanto por la aplicación del denominado “modelo penitenciario vasco” como por el desarrollo de la Ley 7/2014 para quienes cumplieron condena en cárceles francesas.

Este cambio profundo de escenario exige adaptar nuestras dinámicas. SARE ha sido y es el fruto de otras innumerables dinámicas sociales, pioneras y hegemónicas, que durante más de treinta años han articulado la movilización en favor de esos derechos, y, por tanto, el periodo 2026-2027 debe ser un tiempo de transición.

Debemos redefinir nuestra forma de actuar, adecuando nuestras dinámicas de movilización a la nueva realidad, sin renunciar a nuestro objetivo: que el último preso/a, exiliado y deportado vasco, regrese a casa.

Decía Eleanor Roosevelt que “los derechos humanos comienzan en lugares pequeños”. Quizá SARE sea eso: un lugar pequeño, cercano, donde muchas personas corrientes decidieron no mirar hacia otro lado. Y precisamente por eso, porque creemos en la fuerza de los procesos que se abren y también en la necesidad de saber cerrarlos, creemos que ha llegado el momento de ir poniendo punto final a una etapa y abrir una nueva forma de reivindicación que sea capaz de responder a los nuevos retos que tenemos por delante.

Esta es una reflexión que queremos compartir con calma, sin urgencias ni consignas. Con la misma cordialidad, pluralidad y compromiso con los derechos humanos con los que hemos caminado hasta ahora. Porque SARE ha sido y es, ante todo, una expresión de la sociedad que queremos ser.

Por todo ello, es el momento de definir nuestra forma de actuar, teniendo como horizonte 2026/2027, siendo este un periodo de transición. Por ello a nivel local y nacional, analizaremos la forma de proceder con las movilizaciones y su idoneidad.

Consideramos que debemos remodelar nuestra línea de trabajo, aportando nuestros esfuerzos adaptados a las necesidades de cada momento, sin olvidar que nuestro objetivo es continuar trabajando hasta que el último preso/a, exiliado y deportado, de motivación política, vuelva a sus casas.

Creemos que es sano y responsable imaginar, también, en un futuro próximo un escenario en el que SARE deje de ser necesaria.

Porque el mejor legado de una red como la nuestra no es perpetuarse, sino contribuir a que desaparezca la injusticia que la hizo nacer. Pensar, a medio plazo, en el final de SARE, debe ser, si lo hacemos bien, una victoria colectiva y discreta, como suelen ser las más importantes.

Por tanto, queremos trasladaros el objetivo principal que nos ha movido a convocaros hoy aquí: este año debe ser el de un mayor esfuerzo colectivo para que la manifestación del 9 de enero en Bilbo, exprese de forma mayoritaria el deseo de la sociedad vasca de avanzar. HELMUGA DENAK ETXERA. Queremos que represente la culminación de toda una trayectoria de movilización social en defensa de los derechos de los presos/as vascos.

El próximo 9 de enero de 2027 volveremos a defenderlos, recordando el camino recorrido y el compromiso ciudadano que lo ha hecho posible.

Tenemos que conseguir entre todas y todos, que esta convocatoria del 9 de enero, suponga la expresión mayoritaria de la sociedad vasca para poner fin a una situación que a todos nos duele y que es necesario terminar.

Nuestra voluntad y deseo es que esta sea la última manifestación multitudinaria que tengamos que convocar de forma permanente. Pero hacerlo realidad, dependerá del esfuerzo de todas y todos. Denok Bilbora! Helmuga denak etxera!

Por tanto, hoy tenemos que salir de este acto, con la voluntad firme de que el 9 de enero, demos el paso definitivo para que palabras como convivencia y resolución, se hagan realidad. Y esto solo será posible con la puesta en libertad de los presos/as vascos y el respeto a las víctimas de todas las violencias.

Preso, iheslari eta deportatuak, etxera!