Bajo este lema y con esta reivindicación, SARE dio comienzo ayer a una dinámica movilizadora para poner fin a la situación de vulneración de derechos que sufren los presos gravemente enfermos. Desde ayer, una ambulancia, esta que tenemos aquí, recorrerá más de 15 pueblos y eskualdes de Euskal Herria, durante los próximos tres meses, organizando en cada zona movilizaciones;  manifestaciones, hasta marchas, performances y cadenas humanas.

Mucho tiempo después de que ETA, tomara sus decisiones que desembocaron en su desaparición, la situación de los presos y presas vascos, puede enmarcarse en la de la excepcionalidad y el castigo como norma.

Una sociedad, que se dice democrática, no debería permitirse que, el odio y la venganza de la cárcel como castigo, sustituya a lo indicado en la propia legislación penitenciaria, y la reintegración del preso en la sociedad, se sustituya en un camino, lento pero continuo, hacia la muerte para muchos de estos presos.

Las graves enfermedades, que un número importante de ellos padecen, son incompatibles con la cárcel y esta afirmación no es nuestra, es de los propios profesionales de la sanidad, que de esta manera se han pronunciado en repetidas ocasiones.

La legislación permite, como ha ocurrido en el caso de Aitzol Gogortza ó Ibon Iparagirre, la prisión atenuada, recibiendo el tratamiento necesario en sus casas y bajo la supervisión de sus médicos de confianza. Lo que exigimos a través de esta nueva iniciativa, es que este criterio sea de aplicación al resto de los presos gravemente enfermos.

No estamos pidiendo nada, que no esté recogido en la legislación interna y en las normas internacionales. Estamos pidiendo cumplimiento de la ley y humanidad.

A varios de estos presos, junto a su delicada situación clínica, se les une la política de alejamiento, con lo que nos encontramos con una venganza doble. Aunque bien es cierto, que la venganza del alejamiento se ejerce fundamentalmente contra el colectivo familiar.

¿Es tan difícil, que se aplique su propia legalidad? ¿es tan difícil, analizar la situación de cada uno de estos presos enfermos, desde una visión de legalidad y de derechos humanos?

En contra de lo que se mantiene desde el Gobierno, la cárcel no es una escuela de libertad ni un marco adecuado para el tratamiento de los problemas de salud física y mental. Mas al contrario, las cárceles y sobre todo para los presos y presas vascas, se han convertido en espacios de impunidad y de castigo, lo que las convierten en injustas e inhumanas por definición. Hoy las cárceles, se han convertido en un almacén de seres humanos y por ello, denunciamos que la Justicia Penal, continua mostrando su cara más obscena: La del castigo y la venganza.

El derecho a la salud, es un derecho fundamental, pero es también, un derecho universal, que debe ser respetado para todas las personas, estén presas o en libertad. Y ese derecho a la salud, en el caso de los presos gravemente enfermos, es hoy incompatible con la cárcel.

Queremos recordar, que la condena impuesta por los Tribunales de justicia, les priva de su libertad, pero no les puede privar del derecho a la salud y del derecho a la vida.

No existe ley, ni reglamento ni norma alguna, que indique que cualquier persona, por el hecho de estar privada de libertad, debe de ser, también, privada de su derecho a la salud y a un trato digno.

Desde SARE, no queremos dejar de manifestar, que el cumplimiento de la legislación penitenciaria, no puede entenderse como una claudicación del Estado.

Poner en libertad a los presos gravemente enfermos, no es claudicar: es cumplir la legislación interna y europea.

Terminamos, haciendo un llamamiento a la sociedad vasca, para que continúe movilizándose ante las injusticias y porque cambiar este escenario de vulneración de derechos por otro de resolución, es una prioridad para la mayoría de la sociedad vasca, al margen de ideologías y posicionamientos partidistas.

 

POR JUSTICIA, POR LEY Y POR HUMANIDAD, QUEREMOS A LOS PRESOS GRAVEMENTE ENFERMOS, EN CASA.