El 11 de enero, volveremos a llenar las calles de Bilbo. Volveremos a trasladar un claro compromiso con los DDHH de las personas presas.

La movilización social, es la herramienta más importante que tienen las sociedades contemporáneas, para articular mayorías; activar a la sociedad y lograr grandes cambios.

Sin duda, este es un factor decisivo a la hora de conseguir que los objetivos se hagan realidad.

Queremos contagiar a la sociedad vasca, de este espíritu. De esta convicción. De tener las ideas claras, de estar convencidas y convencidos de que si así lo creemos, nuestras metas serán alcanzables.

Queremos insistir en el camino hacia una verdadera paz y convivencia.

ORAIN PRESOAK, es la hoja de ruta que Euskal Herria, en toda su pluralidad, quiere y necesita. Porque poner fin a décadas de sufrimiento y confrontación, es tarea de todos y todas: de la sociedad; asociaciones; de las instituciones políticas y judiciales y por supuesto de los Gobiernos español y francés. Gobierno francés en el se han producido avances significativos y que ojala, sea el espejo en el que se mire el Gobierno español.

La manifestación debe de ser un punto de inflexión importante, que marque un antes y un después, en este nuevo ciclo de activación social, que exige una parte importante de nuestro Pueblo.

Es ahora, cuando hay que dar pasos en favor de los presos y presas: porque es necesario cambiar el ritmo del proceso. Ahora, en vísperas de unas nuevas elecciones en el estado, que, previsiblemente en breve, traerá consigo la creación de un nuevo gobierno, debemos incidir, de manera más rotunda y con el respaldo que nos da los diferentes pronunciamientos de las instituciones vascas, en este tema, la necesidad de un cambio en la política penitenciaria.

El Gobierno español, inicio de manera muy tímida a dar algunos pasos, en la progresión de grados; en el acercamiento de unos pocos presos a prisiones más cercanas; en la concesión de algún permiso penitenciario y a humanizar algo la situación de algunos presos enfermos. Han sido pasos muy pequeños, que creemos deben proseguir de manera más audaz y urgente.

En este objetivo, dedicaremos nuestros esfuerzos y proseguiremos profundizando en la vía de comunicación abierta con instituciones del estado y si avanzan en esta vía, encontraran nuestro apoyo.

Es por ello, que pedimos a esos poderes políticos y judiciales, audacia y determinación, para que estos tímidos pasos, se conviertan en el inicio de un proceso que lleve a la aplicación de una política penitenciaria que ponga fin al régimen de excepcionalidad que sufren los presos y presas vascos y permita diseñar la hoja de ruta del fin de una etapa y el regreso a sus casas.

Porque las familias -que continúan visitando a sus familiares presos con largas condenas, y EH como sociedad, exigimos los cambios que se prometieron de humanización de las cárceles. De poner fin a una política penitenciaria de excepción que carecía de sentido cuando se comenzó a aplicar y mucho más ahora, cuando ETA tomo las decisiones oportunas, que desembocaron en su disolución.

Es por tanto, que el Estado, ya no tiene un problema con una “banda” inexistente. El problema, cada vez más, lo tiene con una sociedad que no quiere que en su nombre, se continúe con la vulneración de derechos que sufren los presos y presas vascos.

Estamos ante una reivindicación universal, porque hablar de DDHH no es defender una opción ideológica partidista, es defender un derecho universal.

El 11 de enero, miles y miles de ciudadanos/as vascos, volverán a demostrar en las calles de Bilbo, que las distintas opciones políticas que expresan la pluralidad de la sociedad vasca, no son ningún obstáculo para la defensa unánime de esos derechos humanos, si queremos avanzar hacia una sociedad en convivencia y paz.

El 11 de enero, volveremos, también, a trasladar en las calles de Bilbo,, nuestro compromiso adquirido en la conmemoración de nuestro quinto aniversario.

Trabajaremos por una sociedad basada en la paz, la justicia y la convivencia. Una sociedad que deje de ser generadora de dolor, sin más víctimas, sin presos ni presas vascos.

Eso nos va a exigir, crear nuevos espacios entre diferentes, escuchando al otro, compartiendo sus vivencias y su dolor. Creando una base solidad de: reconocimiento, respeto y empatía.

Todos estamos necesitados de una profunda autocritica, que contribuya a una cultura colectiva, mediante un ejercicio multilateral de memorias, sobre lo ocurrido, desde un enfoque de respeto a los derechos fundamentales, esta es la mejor forma de construir futuro entre todos.

Vemos el futuro próximo con optimismo. Igual, con demasiado optimismo. Pero somos así. Preferimos ser así.

Nos encontramos ante una nueva era, que nos ha abierto las puertas para avanzar hacia un futuro mejor, que tras décadas de sufrimiento y dolor, merecemos todos. Es tiempo de desatar nudos; de avanzar y de construir desde el derecho, el respeto y la empatía, esa sociedad que tanto anhelamos.

Con este objetivo, trasladamos esta invitación al conjunto de la sociedad vasca. Caminemos juntos y juntas el sábado 11 de enero.

Traslademos al mundo, nuestra voluntad de cerrar heridas y de construir futuro.