Las que hoy nos reunimos aquí, somos madres-familiares e hijos e hijas de presos vascos dispersados en cárceles españolas y francesas.

No estamos todas. Actualmente, tenemos alrededor de 100 niñas- jóvenes de la mochila en Euskal Herria.

Estamos enfadadas. Dolidas. Nuestras hijas e hijos, llevan medio año sin estar con su padre, madre e incluso en algunos casos sin estar con ambos.

Creemos necesario, trasladar a la ciudadanía la dureza y crueldad de esta situación.

¿ Cómo se puede aceptar esto? Que político, que juez… ¿ Quien aceptaría estar tantos meses sin poder abrazar a su hija?

Cuando comenzamos a trabajar sobre la situación de estos niños-niñas , ya dijimos que las niñas y niños de la mochila, sufrían una triple condena. No poder compartir su día a día con su padre o madre presa, negarles la esperanza de poder verles algún día en casa, debido a la legislación de excepción que se aplica a sus padres y madres, y la tercera, el alejamiento y por ende, los kilómetros que tienen que recorrer, para poder verles.

Hoy es el día, que a esa triple condena, se ha sumado una cuarta. Debido al covid-19, hemos vivido una situación que nunca la hubiéramos imaginado: escuelas cerradas, confinamiento, no poder estar con familiares y amigos…. Y en el caso de nuestras hijas e hijos, a todo eso se ha sumado, el no poder estar con su madre , padre o ambos, durante meses.

Muchas de las niñas y niños aquí presentes, no han estado con su padre o madre presa desde Febrero o principios de Marzo. Hace semanas que escuchamos el concepto de “nueva normalidad”, pero para nosotras nada ha cambiado. Las niñas y niños de la mochila, siguen condenadas a vivir sin sus padres y madres.

Hace 2-3 semanas se empezaron a realizar las visitas de locutorio en algunas cárceles del estado español, pero a día de hoy, en la mayoría de cárceles no se autorizan los vis a vis familiares y de convivencia. Esto a provocado, que las niñas y niños que han viajado, únicamente han podido realizar una visita detrás de un cristal.

Casi 6 meses sin vis a vises, y la espera parece interminable. En algunas cárceles parece que en agosto se dará la opción, en otras no. ¿ Pero quien nos asegura en esta situación tan inestable que eso será así? ¿ Quien nos dice, que en tiempos de restricciones y confinamientos, podrán viajar a ver a su ama a Galicia o a jugar con su aita a Córdoba? Claro ejemplo de ello, la suspensión de vises que se ha dado esta misma semana en la prisión de Zuera.
En lo que respecta al estado francés, las visitas familiares con niñas y niños han estado suspendidas entre Febrero y Julio y en el caso de las visitas de locutorio, con mascarilla y si poder tocar bajo ningún concepto, a su ama o aita.

No podemos olvidarnos, de Izadi, Irati e Ilargi, las 3 niñas de la mochila que permanecen en las cárceles de Aranjuez y Picassent con sus madres.

Por diferentes motivos, las tres madres han estado confinadas 10-15 días, dos de ellas con su hija, y pasando madre e hija, 21 horas al día en la celda.

Antes de la era covid, estas niñas pasaban el fin de semana en la calle con otros familiares. Un proceso progresivo indispensable, de adaptación a la calle y de unir lazos familiares.
Ahora, esas salidas están suspendidas, con las consiguientes consecuencias negativas, que ello puede acarrear en el proceso de adaptación a la calle de estas niñas.
No poco con eso, no se les ha autorizado vis a vis familiares ni de convivencia con sus padres, también presos, en todos estos meses.

Hace tiempo que los presos vascos tendrían que estar en Euskal Herria, en la prisión más cercana a su domicilio. No es algo, que reclamemos únicamente nosotras, las familiares.
Es una reclamación, compartida por un amplio sector de la sociedad vasca. Ahí están además, el manifiesto a favor de los derechos de las presas y presos, firmado por diferentes partidos del congreso español, la dinámica #SOS PresoakCovid19 o el escrito firmado por el director de salud pública del Gobierno Vasco el cual dice que sería medida de prevención y protección de la salud publica, el acercamiento de los presos a la comunidad o provincia de residencia de sus familiares.

Cuando en el estado de alarma se prohibió la movilidad interprovincial , el niño de la mochila preguntaba a su ama: ¿ Si no podemos salir de nuestra provincia, como viajaremos tan lejos para ver a aita?
Cuando mucha gente, esta optando por quedarse en casa y no viajar por seguridad, nuestras hijas e hijos deben de recorrer decenas de provincias, parar en gasolinares-restop en el camino, dormir en hoteles … porque están lejos, muy lejos y es imposible realizar ida y vuelta el mismo día.

¿Hasta Cuando? ¿Por qué? Hace tiempo que los necesitábamos en Euskal Herria, pero ahora es indispensable.

Al alejamiento, al peligro de la carretera, al gasto económico, al cansancio…. Ahora se suma esta situación provocada por la pandemia. Esto es insostenible.

Esta situación de excepción tiene que cambiar. Necesitamos a nuestras madres y padres en Euskal Herria ya!

Queremos una nueva normalidad, necesitamos una nueva normalidad. Una normalidad en la que todas vivamos mejor, en la que las niñas y niños puedan estar con sus padres y madres. Una normalidad sin presos vascos. Es posible, y lo necesitamos.

Queremos hacer un llamamiento a dar pasos en pro de una solución, ya lo dijimos y volvemos a repetirlo, nosotras estamos dando pasos a favor de la paz y a favor de una solución para la situación de los presos. Y seguiremos en ello.
¿ Pero como avanzar en paz y convivencia, cuando se siguen dando situaciones como las descritas hoy?

Nosotras somos parte de la red de caminantes, y os animamos a que vosotras también seáis parte en el camino de vuelta a casa de presos y exiliados, izan bidea!

Por ultimo, queríamos hacer saber que solicitaremos una reunión con el ararteko para dar cuenta de nuestra situación, así como con el delegado del gobierno.