La Red Ciudadana Sare quiere compartir la realidad que viven las mujeres presas este 8 de marzo.

Las mujeres presas, por el mero hecho de ser mujer, sufren un castigo añadido, que desde Sare queremos dar a conocer y denunciar. La cárcel es un entorno creado desde el punto de vista del hombre y para el hombre. Así lo demuestra el día a día al que deben enfrentarse las presas: la distribución de los espacios, los talleres que se organizan y estás a disposición de las presas, el reglamento sobre la forma de vestir, etc.

Reflejo de esta realidad y del carácter machista de las prisiones y sus directivas, es la situación que han vivido desde hace unos meses las presas de la cárcel de Granada, obligadas a realizar trabajos de limpieza, al contrario que sus compañeros hombres. El rechazo por parte de las presas a esta nueva obligación supuso su ingreso en aislamiento.

Las mujeres presas estas divididas en tres clases de cárceles: en pequeños módulos adaptados dentro de las cárceles para hombres, en pequeñas cárceles adaptadas dentro de macro-cárceles para hombres y en cárceles para mujeres. Hoy por hoy solo existen tres cárceles para mujeres (Alcalá de Guadaira –Sevilla-, Brieva –Ávila- y Alcalá Meco mujeres -Madril I-).

Esta realidad es un añadido a las condenas impuestas, ya que, endurece el día a día de las presas, sin responder a las necesidades que tienen como mujer. Por ejemplo, la falta de un área de ginecología en las cárceles o la venta única y exclusivamente de productos para hombres en el economato (sin opción a comprar tampones o compresas, entre otros productos necesarios). También tienen dificultades para recibir la visita del médico.

Además, la política de prisiones tiene como objetivo la reeducación de la mujer unido a los roles de género y las normas y los talleres de las prisiones responden a este objetivo. Así lo demuestran, por ejemplo, los talleres para mujeres: peluquería, cocina, costura, etc.

Pero este 8 de marzo queremos poner especial atención en la situación que viven 12 presas vascas en el Estado español: Beatriz Etxeberria, Ana Belen Egues, Oskarbi Jauregi, Itziar Alberdi, Josune Oña, Irantzu Gallastegi, Oihane Bakedano, Olga Comes, Ainhoa Garcia, Lola Lopez, Josune Arriaga y Maria Lizarraga se encuentran dispersadas en 12 cárceles solas, sin ninguna compañera. En el caso de Maria Lizarraga la situación es aún más extrema, ya que se encuentra, no solo sin compañeras, sino que también sin contacto con ninguna otra presa, saliendo sola incluso al patio. Estas presas cumplen un triple castigo, la condena judicial aplicada por los tribunales, la condena añadida con las medidas de excepción por ser presas vascas y la condena moral por ser mujeres. En el caso de María, también una pena que la aísla socialmente privándola de toda relación. Esta situación de aislamiento acarrea consecuencias negativas en el ámbito social y psicológico y solo se puede entender como un método de venganza.

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