Hacemos un llamamiento a participar en el Kalejira que se celebrará el próximo 26 de diciembre desde la cárcel de Martutene a Loyola

Covid19 + alejamiento = huérfanas y huérfanos, esta es la realidad de los niños y la niñas de la mochila. Durante muchos años muchos niños, niñas y adolescentes se han visto obligados a realizar viajes interminables para poder darle un beso a su padre, a su madre o a ambos, pero este año hemos vivido una pandemia que ha hecho aparecer un nuevo obstáculo en la relación entre los y las niñas de la mochila y sus padres y madres presas.

Ahora mismo hay 86 niños y niñas menores de 18 años y varios jóvenes mayores de 18 años que tienen al padre, a la madre o a ambos en la cárcel; algunos de ellos llevan 9 largos meses sin abrazar a su padre o a su madre, pueden escuchar su voz a través de una llamada, pero que no pueden ver, tocar, jugar con ellos, todo ello con todas las consecuencias que esto puede tener en el desarrollo de un o una niña.

Esta situación es inaceptable, tal y como confirma el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, los niños y niñas con progenitores encarcelados tienen los mismos derechos que los demás hijos e hijas, ya que el disfrute de la compañía de los progenitores es un elemento fundamental en la vida familiar, y por ello, la posibilidad de que las autoridades penitenciarias ofrezcan a los reclusos de estar en contacto con su familia cercana es fundamental para garantizar el derecho al respeto a la vida familiar, pero los derechos de los y las niñas de la mochila son vulnerados una y otra vez.
Los y las presas vascas están más aisladas que nunca por la influencia de Covid19, la vulneración de derechos que sufren es aún más violenta y les corresponde estar en la cárcel más cercana a su casa, por eso queremos reivindicar que los niños y niñas de la mochila tienen derecho a realizar el viaje en patinete para ir a besar a su padre, a su madre o a ambos. Porque eso sera señal de que están cerca de casa. Prueba de que los kilómetros realizados durante muchos años terminarán por fin.

Además, los padres y madres presas no dejan de ser padres y madres por el hecho de estar en la cárcel pero la política penitenciaria excepcional les quita este derecho. No pueden mantener
una relación normalizada con sus hijos e hijas, porque los ven una vez al mes y no conocen su día a día; en definitiva, no pueden ejercer de padres y de madres estando tan lejos de sus hijos e hijas y en un régimen cerrado. La ley, y la práctica de la aplicación de la ley, ha demostrado que, aun estando presos, hay opciones para seguir siendo padres y madres; permisos especiales, pulseras telemáticas… posibilidades existen y es urgente que se les aplique cuanto antes, ya que la mayoría de los y las presas vascas permanecen en primer grado, es decir, en el régimen más duro. Si no fuera por la política de excepción que se les aplica, los niños y niñas de la mochila no tendrían esa gran ausencia actual de sus progenitores presos. De hecho, la mayoría de los padres y madres presas se encontrarían en una situación muy diferente: con permisos podrían ir de vez en cuando a casa, los que han cumplido las ¾ estarían en libertad condicional, o en tercer grado yendo a la cárcel solo a dormir.

Por último, no podemos olvidar a las niñas de la mochila que viven en la cárcel, ya que su situación es especialmente grave. Irati e Izadi están en la cárcel de Aranjuez. Llevan 9 meses sin ver a sus familiares y allegados. Llevan 9 meses sin salir a la calle, suponiendo un paso atrás en la adaptación que estaban haciendo. Y lo que es más duro, durante meses han estado sin ver a su padre, aunque está en el módulo de al lado. Estas niñas no están presas pero no conocen su pueblo porque están en una cárcel que está lejos. Tienen derecho a estar en su entorno y a conocer a sus amigos y amigas, junto a sus familiares y junto con su padre y a su madre, para esto, es imprescindible que en Euskal Herria haya módulos familiares que respeten sus derechos.

¡Basta ya! Y para reivindicar todo esto, hacemos un llamamiento a participar en el Kalejira que se celebrará el próximo 26 de diciembre desde la cárcel de Martutene a Loyola, donde estará Porrotx, los que también han sido niños de la mochila Janitz y Xua cantándonos una canción y hacemos un llamamiento para que los y las niñas vengan en patinete. Gracias