El fallecimiento de la presa vasca Belen Gonzalez Peñalva, es un claro ejemplo de las consecuencias de una política penitenciaria basada en la venganza y el odio.

Belen Gonzalez Peñalva, tras más de ocho años luchando contra su enfermedad y sin haber recobrado su total libertad, ha fallecido hoy.

Desde un punto de vista estrictamente democrático, resulta incomprensible que tras más de seis años desde la decisión de ETA de abandonar su actividad armada, y tras su posterior desarme, la actitud del Gobierno español, se mantenga en parametros de inflexibilidad que traspasan las lineas de un estado, que dice ser democrático y de derecho.

La existencia de un cada vez mayor número de presos gravemente enfermos, a los que se les niega la libertad, incluso atenuada en su domicilio, nos está acercando a que en cualquier momento el numero de presos vascos muertos en prisión, continúe aumentando.

Hoy ha muerto Belen. Mañana puede ser Ibon Iparagirre o Manu Azkarate, o cualquier otro el que incrementen esa macabra lista. No podemos permitir que las medidas de excepción se conviertan en una condena a muerte, no podemos permitir que se lleve a lxs presxs vascos a tales extremos.