Nuestras primeras palabras quieren ser de saludo y agradecimiento a quienes nos habéis querido acompañar en este acto.

 

Aquí estáis las mayorías política, sindical y social de Euskal Herria, con las que hemos compartido una gran parte de objetivos desde el nacimiento de SARE. Si no hubiera sido por este esfuerzo conjunto, la situación hoy sería igual o peor a la de hace 30 años, cuando se impuso la política de dispersión y alejamiento. Aunque aún sean muchos los presos, presas y familias vascas que padecen esta política penitenciaria, vamos avanzando. MILA ESKER.

 

Saludos, también, a quienes desde otros lugares, como Catalunya, habéis querido estar presentes. MOLTES GRÀCIES.

 

La Covid 19 nos impide hoy volver a llenar las calles de Bilbao con miles y miles de personas que reivindican una política penitenciaria diferente. Por ello, distribuiremos hoy estas concentraciones a lo largo y ancho de centenares de pueblos y ciudades de toda Euskal Herria y a la misma hora: 5 y media de la tarde.

 

Esta anómala situación que vivimos nos ha permitido, también, encontrarnos con todas y todos vosotros, aquí, en el Euskalduna.

 

Vivimos tiempos de esperanza. Algo se está moviendo en política penitenciaria por nuestro impulso conjunto y por las nuevas mayorías políticas en el Estado.

 

Se están produciendo algunos traslados de personas presas a cárceles más próximas a sus familias. Es cierto y ello es un alivio, ya que para algunos familiares se recortan los largos desplazamientos que durante años han tenido que recorrer. Recorridos que han ocasionado 16 fallecidos y más de 400 accidentes de circulación.

 

Pero no queremos normalizar una situación que no es aceptable.

 

La forma en la que aún se está procediendo a las progresiones de grado es tan limitada que todavía un 65% de estos presos y presas se encuentran en primer grado penitenciario, a pesar de que una parte importante de este colectivo se acerca al cumplimento de 30 años de privación de libertad.

 

Junto a ello, la Ley Orgánica 7/2003 ha condenado a 67 presos a cadenas perpetuas encubiertas, porque no otra cosa es la condena a 40 años de privación efectiva de libertad.

 

Aun siendo esperanzadores los movimientos que se están produciendo en el ámbito penitenciario, el panorama dista de ser tranquilizador.

 

No podemos obviar que hay aún 218 presos y presas vascos por su vinculación directa o indirecta con la desaparecida organización ETA; la mayor parte, dispersada por 36 cárceles españolas, mientras que otras treinta se encuentran ubicadas en  cárceles francesas.

 

Todavía un alto número se encuentra a cientos de km de sus casas, y alrededor de 80 niños y niñas, a los que denominamos “niños de la mochila”, recorrían antes de la crisis sanitaria, casi dos mil km, entre ida y vuelta, para poder visitar a su aita, ama o ambos, en prisión. Y ahora, llevan meses, sin siquiera poder hacerlo.

 

Hay seis presos de más de setenta años; o 60 personas presas que han cumplido ya las ⅔ partes de su condena; y otras ocho que lo harán en el transcurso de este año. Y son 17 los que presentan enfermedades graves e incurables.

 

Además, la crisis sanitaria ha multiplicado el confinamiento en las prisiones, dejando un reguero de situaciones inhumanas de aislamiento.

 

SARE considera, que el fin de la política de alejamiento solo será un hecho cuando todos y todas estén en Euskal Herria.

 

La normalización democrática en este tema pasa por el fin de esta política penitenciaria. Y sólo será un hecho cuando la progresión de grados alcance al conjunto de personas presas pudiendo iniciar el camino hacia su reintegración social, o cuando las personas gravemente enfermas puedan ser tratadas de su enfermedad fuera de los muros de la prisión.

 

Tras la aceptación de los mecanismos legales por la inmensa mayoría del colectivo, no hay excusa alguna para que Instituciones Penitenciarias no aplique los mecanismos de integración social, facilitando regímenes abiertos, cumplimientos domiciliarios, progresiones de grado y libertades condicionales, como medios de inmersión secuencial en la vida social y como apuesta por la convivencia.

 

Y hay un aspecto que es importante resaltar. Estos presos y presas realizan su excarcelación con una inmersión social rápida y sin riesgo de reincidencia. Ellos mismos lo han dejado muy claro. Razón de más para aplicar los mecanismos legalmente previstos y las instituciones no sean rehenes de grupos de presión reaccionarios.

 

Aún es largo el camino que queda por recorrer. Y lo queremos seguir haciendo juntos, porque es la única forma de avanzar. Urge aprovechar este tiempo, para dar pasos firmes, sin vuelta atrás.

 

La situación de las personas presas no nos impide comprender y solidarizarnos con los sufrimientos que han tenido aquellas personas a las que la violencia les ocasionó un daño irreversible y afectó profundamente a su vida personal y familiar. Les debemos respeto y comprensión en su dolor y, por ello, nos oponemos también a la utilización que algunos hacen de este dolor y sufrimiento, como arma arrojadiza contra el oponente político.

 

Es importante que, ante la presión permanente de un bloque muy reaccionario conformado no solo por sectores políticos sino, también, judiciales, se generalicen socialmente los objetivos de paz, convivencia y resolución que estamos defendiendo las mayorías social, política y sindical vasca.

 

Siendo imprescindible continuar, sin demora, con la lucha por el acercamiento, de cara a aliviar el castigo añadido de la lejanía a personas presas y a sus familias, SARE quiere poner el acento en lo inmediato, en la aceleración de la progresión de grados, a la que tienen derecho las personas presas.

 

La nueva mayoría política en el Estado debería asumir la primacía ética de los derechos humanos y de la integración social, así como tener muy en cuenta que estamos en tránsito desde un estadio ya superado de violencia, a otro de paz, convivencia y resolución, que requiere la implicación de todas las partes y una aplicación normalizada de la legalidad.

 

En definitiva, se trata de que los principios de legalidad, de humanidad y de reinserción social sustituyan a los de arbitrariedad y conveniencia política.

 

A estas alturas no tiene ningún sentido una política antiterrorista nostálgica y disfrazada de reparación. La vulneración de los derechos de los presos y presas vascos va contra el principio de legalidad en un Estado de Derecho y nada tiene que ver con el derecho de todas las víctimas a la justicia, el reconocimiento y la reparación. Tampoco se corresponde con la garantía ya dada por el EPPK de no repetición y de reconocimiento del daño causado.

 

Somos una sociedad que ha sufrido mucho e innecesariamente. Por ello es fundamental el respeto de los derechos de las personas internas en prisión y queremos compartir con vosotras y vosotros cinco aspectos, sobre los que deseamos poder iniciar un diálogo.

 

Fin real del alejamiento; excarcelación de personas con enfermedades graves; Progresión de grados; Permisos penitenciarios; Y como abordar la ley Organica  7/2003

 

En definitiva, estamos ante un nuevo tiempo de esperanza, pero solo se materializará si empujamos, tenaz y unánimemente, en esa dirección. A ello os invitamos a todos y todas.

 

Hagámoslo juntas y juntos.